Aída García Naranjo: Huellas de equidad: raíces míticas e imaginario femenino
Huellas de Equidad
Es una visión más equitativa
sobre el imaginario femenino
Por Aída García Naranjo Morales
Uno de los grandes pasos dados por la humanidad en el siglo XX ha sido el reconocimiento del papel de la mujer en la historia: desde su protagonismo en los hechos heroicos, hasta la sabiduría de sus prácticas cotidianas rutinarias. En la lucha social, económica y política, así como en la reivindicación de valores históricos, culturales, éticos y democráticos de todos los pueblos.
Hemos superado la situación de siglos pasados, cuando las mujeres eran excluidas y hoy se han incorporado, recuperando su memoria ancestral, combinando, con sabiduría, tradición y modernidad.
Perú es un país pluricultural y pluriétnico, con naturaleza diversa, excepcionalmente privilegiada por la biodiversidad, variados ecosistemas, naturaleza feraz, modelada creativamente por los hombres y mujeres que hallaron en estas tierras el lugar para construir sus sueños, e implantar sus amores.
Desde sus albores la humanidad, ha buscado enfrentar la realidad, conocerla y transformarla. Este es el núcleo de su capacidad creativa, de su energía transformadora.
En el proceso de interpretación de la realidad, ha utilizado el mito, como esquema de lectura de lo real, patrimonio, memoria ancestral y sustento de nuevos elementos de desarrollo y afirmación, como estructura lógica y, a manera de razonar colectivamente, produjo un instrumento de cultura, apto y flexible, para confrontarse con la realidad y sus duras constricciones: el mito.
La capacidad mítico-simbólica de la humanidad es tan fuerte, que, psico-afectivamentetiene, tiene la posibilidad de movilizar a la población, y orientarla hacia acciones heroicas o suicidas, constructoras o demoledoras, debido a su contacto con la fuerza histórico-cultural que da sentido al ser pueblo.
Revisando los mitos fundamentales, de nuestra cultura que los produce, aportan elementos de solución para los conflictos que en ellos se plantean, sirven también para una lectura más armónica de nuestra relación con la historia y nuestros semejantes.
Nos enseñaron que nuestra historia partía de una pareja civilizadora que emergía de las aguas del lago Titicaca: Manco Cápac y Mama Ocllo, los hijos del Sol que bajaron del altiplano y enrumbaron hacia el Norte, cumpliendo una labor civilizadora que los llevó al Cusco, donde asentaron su reinado y fundaron una dinastía de Incas que llegó hasta la conquista.
Para María Rostworowski, las culturas andinas tuvieron un desarrollo propio y, los cronistas, son una consulta obligada, a pesar de sus deficiencias. Sin embargo señala que si queremos profundizar el tema de la mujer en la época prehispana debemos recurrir a documentos de los archivos dejados por la administración española.
En los mitos se distinguen divinidades masculinas y divinidades femeninas, éstas últimas cubrían las necesidades del género humano. Las diosas más destacadas fueron: Pachamama, la tierra fecunda, Mama Cocha, el agua, el mar, Urpay Huanac, la diosa de los peces y aves marinas; Mama Raiguana de la región central, fue quien repartió a los hombres las plantas alimenticias, entregando a serrarnos y a costeños las suyas, con su respectivo medio ambiente.
Las versiones del mito de Los Hermanos Ayar (Ayar Manco, Ayar Aucca, Ayar Cachi y Ayar Uchu) son una combinación de los relatos de Garcilaso de la Vega (1609) y los de Sarmiento de Gamboa (1572). Según estos relatos, de una cueva de Pacaritambo salen cuatro hermanos, acompañados de sus esposas: Mama Ocllo, Mama Wako, Mama Ipaku y Mama Rawa, quienes salieron en busca de tierras fértiles, mientras que de otras cuevas, salen sus compañeros a quienes secundarán en su viaje de conquista al Cusco.
Durante el viaje surge, entre los hermanos, arranques de envidia, intriga y violencia que culmina con el asesinato de tres de ellos, quedando solo Ayar Manco quien con las cuatro mujeres toma posesión del Cusco.
De los personajes femeninos sobresalen Mama Ocllo quien tiene un hijo con Ayar Manco, representando el principio maternal y de trabajo femenino, y Mama Wako, la mujer guerrera y feroz con sus enemigos. Los relatos señalan a Manco Cápac y Mama Wako como los adalides de la expedición.
Según la concepción dual de la sociedad e imaginario andino todo está dividido en dos partes, dioses y hombres actúan en pareja. En este mito destacan dos arquetipos femeninos, por un lado la mujer hogareña y por otro la tradición de la mujer guerrera.
La psicoanalista Matilde Ureta cree que este relato es una forma de manifestar no sólo la relación entre los dioses y héroes, sino entre los géneros.
La versión más difundida del mito señala a Manco Cápac como el portador de una vara que al ser arrojada y hundirse en la tierra, debía indicar el lugar escogido para asentarse definitivamente.
(sumilla) “Los mitos abren nuevas perspectivas al conocimiento de la situación de la mujer durante el incanato”
El cronista Sarmiento de Gamboa sostiene que Mama Wako era la persona encargada de cumplir esta misión, es decir que la portadora de la vara fundacional era una mujer, símbolo de un mandato divino capaz de penetrar la tierra.
Mama Wako, es mencionada, además, como capitán de su propio ejército y una de los cuatro jefes militares que tomaron posesión del Cusco.
Los mitos del origen de Adán y Eva como pareja civilizadora, así como Caín y Abel, hermanos no-fraternos como los Ayar, nos habla de las dificultades de convivir con seres sociales, de aceptarnos diferentes pero complementarios.
En las culturas Mochica y Chimú hallamos narraciones de origen, en los que la creación y permanencia del elemento femenino (Luna) es fundamental y simultánea a la creación del elemento masculino (Sol).
“Vivíamos en la oscuridad”
En el mundo amazónico los cuentos y mitos son transmitidos a los niños y jóvenes por los rukus (ancianos). Sobre la creación, ellos narran que al principio del mundo Killla, la Luna, era gente, vivía en la tierra, no estaba en las nubes. Relatan que al principio no había Sol. Vivíamos en la oscuridad, cuando amanecía era como noche, el sol y killa eran hermanos.
Esta es una visión mucho más compleja y equitativa sobre el imaginario de género, subordinado del mito semítico (o semiótico?), donde la mujer es creada como complemento del varón y más aún que es sacada de cuerpo del varón.
En la cosmovisión andina la mujer no es secundaria ni parasitaria al varón, es un elemento vital y paritario para la subsistencia de la vida humana y de la naturaleza.
Los mitos abren nuevas perspectivas al conocimiento de la situación de la mujer durante el incanato. En la mitología y cosmovisión andina, las mujeres aparecen creadas al mismo tiempo y de igual manera que los hombres. No surgen de una parte del cuerpo del hombre como en la concepción judeo-cristiana y no existe culpa ni pecado en las primeras parejas.
En las sociedades regidas por la diosa madre (vida), la oposición complementaria está dada por los ciclos lunares, que armonizan y complementan la labor vitalizadora del sol. Esta es la lógica que rige al sol/luna (Inti/killa) pareja cósmica que da vida. La agricultura ocupa por eso un lugar supremo, ofrece por su carácter periódico la alteración de la oposición vida / muerte así como sol / luna la complementariedad varón / mujer.
(sumilla) “En la cosmovisión andina la mujer no es secundaria ni parasitaria al varón, es un elemento vital y paritario para la subsistencia”
La ley del varón, que subraya míticamente la supremacía de la fuerza guerrera y del dominio es introducida recién al consolidarse el poder de los Incas, sin embargo supervive en nuestros pueblos la ley de la diosa, tan frecuentes en los señoríos preincas de la costa, o en ciertas sociedades andinas. Este sistema de significaciones dio lugar a dominios regidos por mujeres, tanto Las Capullanas en la costa norte como Las Curacas, en algunos lugares ejerciendo poder en reinos y dominios que asombraron a los conquistadores, quienes no podían entender esta racionalidad pues su visión misógina medieval europea no les permitía comprender como “débiles mujeres” podían gobernar, pactar, guerrear y producir de modo autónomo.
La llegada de los españoles consolida el sistema patriarcal Inca, los cuales habían usado de las alianzas matrimoniales y el intercambio de mujeres como forma de afirmar su poder y de establecer pactos con señoríos rivales.
Sin embargo, para consolidar su poder, se mantuvo la visión del origen divino del Inca, descendiente del Sol, pero también del origen divino de la Coya, descendiente de la luna.
Así como se releva el rol generador de vidas, sobrevive en los andes otras lecturas sobre la manera de ser femenina, donde ésta tendría mucho coraje y resistencia que la hace capaz de emprender las luchas más riesgosas, pero la misma capacidad las volvería “locas, caprichosas, mandonas” por eso habría que someterlas.
Esta lectura del mito, que si bien reconoce las virtudes femeninas, no juzga capaz a la mujer de ser dueña de sí misma ni de tomar las decisiones que le competen por eso “deberá ser sometida” al dominio del varón, dominación que resulta ratificada por el sistema religioso traído por los españoles.
(revisión: Chaska), 18/03/08, Lima. Envio rosina valcarcel
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Por lobogabriel - 19 de Marzo, 2008, 9:58, Categoría: lecturas
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